Apedaçàaaaa

A p e d a ç a a a


Alguns dels vostres

de poemes


     
 

Volar

Les sargantanes es belluguen tan de pressa
que sembla que mai no hagin d’estar tristes.
Diries que la tristesa és una cosa quieta,
contrària a la lluita per la vida,
a les batusses per un pessic de síndria.
I tanmateix podem veure les àligues molt quietes
sostingudes per invisibles fils d’espera atenta
que també és lluita per la vida.
Els que saben volar, potser en lloc de sumir-se en la tristesa,
s’alcen, i per ells és un cel de lucidesa extensa
des d’on es veu l’ahir i l’avenir del món.
Voldria saber si els avions de paper que sempre fas
són perquè vols volar.
Els fills dels llops caminen, i els de les orques neden.
Però els animals que tenen ales han d’aprendre a volar
del drama de llençar-se perdudament al buit.
Pensa que el riure és sota terra, calent i fonedís
com lava.
¿No voldries ser un cranc, un taupa cec, un arbre?
¿Tenir arrels, tenir mans, galeries secretes?
Mira que tenir ales vol dir renunciar als dits: si vols
fer res, haurà de ser amb paraules.
Mira’m: jo encara estic caient i preguntant-me
si en lloc de ser un pardal sóc una sargantana.
Això sí, tot i el brunzit del vent que m’eixorda i m’esmotxa,
els paisatges que veig són, t’ho asseguro,
unes vistes magnífiques.

Anna Aguilar-Amat

 

     

     
 

Tu risa

Quítame el pan, si quieres,
quítame el aire, pero
no me quites tu risa.

No me quites la rosa,
la lanza que desgranas,
el agua que de pronto
estalla en tu alegría,
la repentina ola
de plata que te nace.

Mi lucha es dura y vuelvo
con los ojos cansados
a veces de haber visto
la tierra que no cambia,
pero al entrar tu risa
sube al cielo buscándome
y abre para mí todas 
las puertas de tu vida.

Amor mío, en la hora
más oscura desgrana
tu risa, y si de pronto
ves que mi sangre mancha
las piedras de la calle,
ríe, porque tu risa
será para mis manos
como una espada fresca.

Junto al mar en otoño,
tu risa debe alzar
su cascada de espuma,
y en primavera, amor,
quiero tu risa como
la flor que yo esperaba,
la flor azul, la rosa
de mi patria sonora.

Ríete de la noche,
del día, de la luna,
ríete de las calles
torcidas de la isla,
ríete del torpe
muchacho que te quiere,
pero cuando yo abro
los ojos y los cierro,
cuando mis manos van,
cuando vuelven mis pasos,
niégame el pan, el aire,
la luz, la primavera,
pero tu risa nunca
porque me moriría.

Pablo Neruda

     

     
 

Nosotros


Nosotros tenemos la alegría
de nuestras alegrías
y también tenemos
la alegría de nuestros dolores

Porque no nos interesa la vida indolora
que la civilización del consumo
vende en los supermercados
y estamos orgullosos
del precio de tanto dolor
que por tanto amor pagamos.

Nosotros
tenemos la alegría de nuestros errores,
tropezones que muestran la pasión
de andar y el amor al camino,
tenemos la alegría de nuestras derrotas
porque la lucha
por la justicia y la belleza
valen la pena también cuando se pierde
y sobre todo tenemos
la alegría de nuestras esperanzas
en plena moda del desencanto,
cuando el desencanto se ha convertido
en artículo de consumo masivo y universal.

Nosotros seguimos creyendo
en los asombrosos poderes
del abrazo humano.

Eduardo Galeano

     

     
 

Otra vez Amarilis


El tiempo ha pasado y vuelves a mi memoria.
Tu auto trepando hacia la sierra, la Cream-Rica
¿recuerdas?, volteando a la derecha, todos esos moteles.
Entonces éramos nosotros; no tú, no yo. Me quiérote, te
gózame, me amándonos, decíamos.
¿A quién llevas ahora? Contigo entre las piernas ¿quién
pega de alaridos y triza los espejos donde nos
repetíamos bestiales y dulcísimos?.
¿Qué otro vientre tu miel mía, peruano? Di qué frívola
puta, qué sórdida hipócrita limeña, qué casada
cuidadosa del cornudo.
Hijo de perra, ¿lo haces? Pero allí no, nunca, con nadie
vuelvas a la habitación 35. Que se te muera para
siempre, que se te pudra si regresas.
Una vez dije allí no, ¿recuerdas?, dije después donde
quieras. Tú me observas igual que un entomólogo, eras
un médico lascivo examinando una muchacha muerta
de amor: no hables, eres una muñeca, un cuerpo sin
voluntad, y me tocabas probándome y fui un durazno
de esos que se abren con la mano.
Un durazno, dijiste a mis espaldas, a la luz de la tarde,
separando con suavidad mis carnes, descubriendo lo
que ni yo conozco, mi zona más oscura, la que guarda
esa caricia atroz, obscena y tuya que no olvido.
Júralo: no has de volver a esa cama con nadie. Me has
negado tu cuerpo, el que gustaba mirar impúdico y
erecto viniendo a mí, el tuyo que era el mío.
Concédeme esto entonces: anda a otro sitio a hacer tus
porquerías.
O vuelve a la habitación 35. El tiempo ha pasado, ya no hay
sino recuerdos y Amarilis qué puede sino juntar
palabras. Ahora somos tú y yo, no existe más nosotros.
Uno y uno, dos solos: yo y esa mierda que tú soy y yo
añoras, desgraciado.

Márgara Sáenz

     

     
 

Muchacha palestina


Sepultada entre lienzos y abalorios
solo tu vientre vulnerable emerge
y te define toda desafiante y perpleja.

Cruzaste a toda prisa por tu infancia
y ya tienes detrás un rastro de
hijos muertos.

El dolor y la ira
vuelven a fecundarte cada noche
y nacen nuevos hijos
hijos vivos y muertos
para tapiar la herida de un pueblo.

Pilar Romero

     

     
 

Cartas del vivir

A la vida, incluso entre lágrimas, hay que celebrarla...

Si la vida diaria te parece pobre, no te quejes de ella; quéjate de tí mismo, díte que aún no eres lo bastante poeta como para convocar su riqueza...

¿Cómo transformar en belleza la vida de cada día?

Oh poeta, dí, ¿qué haces tú?.
Yo celebro.
Mas lo mortífero, lo monstruoso, ¿cómo lo soportas?.
Yo celebro.
Mas lo que no tiene nombre, lo indecible, ¿cómo lo conjuras, poeta?
Yo celebro.
¿De dónde tu derecho a ser verdad, detrás de cada máscara o disfraz?
Yo celebro.
¿Por qué la quietud y el ímpetu como estrella o tormenta te ven?
Yo celebro...

R.M. Rilke

     

     
 

De la mujer al hombre


Dios te hizo hombre